Mujeres antes que madres y esposas: trabajando por la igualdad y el empoderamiento femenino

*Kevin Xavier Obregón Polanco 

Es una realidad lamentablemente conocida por todos y todas que, si eres mujer, se te enseña  que tu futuro es el de madre o esposa. Si no logras esos objetivos, si no encuentras una pareja  y no encajas dentro de lo que se espera de ti, eres un objeto de burla, de crítica y humillación  no solo en la comunidad sino también en tu propia familia. Del mismo modo se les enseña a  los hombres que deben ser fuertes, indestructibles, insensibles, y que su lugar no solo es a la  cabeza de la casa sino también encima de la mujer. Estos mitos que son transmitidos de  generación en generación por nuestros abuelos y abuelas, por MUJERES, no solo resultan de  una cultura machista, patriarcal y muchas veces misógina, sino también de los mensajes que  se reciben en las iglesias y en las escuelas y se potencian en los medios de comunicación y  en productos audiovisuales como películas y series, las cuales no parecen preocuparse por el  público adolescente y joven al cual están generalmente dirigidos, el cual vive una etapa en la  que pueden ser maleables. Toma este mensaje negativo que no corregimos y apóyate de los  estereotipos negativos que construimos, ¿no?  

Algo a destacar y que resulta lamentable es que muchas veces la peor enemiga de la mujer,  aunque esto parezca un cliché o una frase para atacar al feminismo, es la misma mujer. La  periodista Patricia Morales (2020) analizó una situación de la escritura Vivienne Mary Hunt  Parry en la que explicó que no recibió el apoyo de su madre cuando contó que estudiaría 

ciencias. Señala que, aunque “la misoginia masculina corre desenfrenada en la sociedad  actual” la “femenina puede ser todavía más tóxica”. Continúa explicando que “cuando hay  tan pocas mujeres en los niveles superiores, muchas de ellas piensan que deben comportarse  como una tigresa, usando todas las armas a su disposición para proteger su posición contra  otras ‘hermanas’”, así es como las mujeres son “más propensas que los hombres a usar un  lenguaje peyorativo y misógino”. Encontramos una manifestación más sutil de esta misoginia  interiorizada en la cultura popular y los audiovisuales con los personajes femeninos que nos  venden la idea Yo-no-soy-como-las-demás-chicas, las que se encargan de reforzar nociones erróneas como que: las mujeres no deberían disfrutar su sexualidad porque eso las hace ver  fáciles ante los hombres o que el empoderamiento admite sumisión con ciertos hombres. Y, lo peor, que la femineidad como tal implica algo negativo intrínsecamente. 

Sí, Yo-no-soy-como-las-demás-chicas.  

Pero eso no significa que las mujeres sean las únicas culpables de este sistema, claro que no. 

Mary Wollstonecraft, filósofa y escritora feminista, escribió alguna vez que no deseaba que  las mujeres tuvieran poder sobre los hombres sino sobre sí mismas. Y aunque ella vivió antes  del 1800, sabemos que esto es algo que no suele enseñárseles a las niñas en sus casas y en  sus entornos de socialización y es un deseo que sigue siendo pertinente. Las mujeres crecen  con la idea del amor romántico y el mito de la media naranja, normalizando los celos, la  violencia en todas sus relaciones e interacción con otros hombres, creyendo que “el amor lo  puede todo” y deben someterse a sus parejas. Crecen con la idea de que el mundo no requiere  que se preparen o estudien, lo suyo es ser madres y esposas, y si acaso deberían terminar la  secundaria. En las mejores situaciones. ¿Luego qué? Conseguir una pareja, tenerle un hijo y  repetir el ciclo. El ciclo de vida y de violencia. No hay derechos humanos para ellas. 

Doscientos quince años después de la muerte de Wollstonecraft, promotora de los derechos  de las mujeres y la educación en 1797, en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el  Desarrollo Sostenible, la cual se realizó en 2012 en Río de Janeiro, se gestaron los Objetivos  de Desarrollo Sostenible, ODS, enfocados en la mejora de la calidad de vida de las personas  por medio del trabajo en los ámbitos políticos, económicos, ambientales y sociales. Todos  ellos están interrelacionados y llaman al trabajo en conjunto de las organizaciones de la  sociedad civil y los gobiernos, de hombres y mujeres, jóvenes, adolescentes, niños y niñas  con un enfoque holístico e interdisciplinario. Este es un tema que nos toca a todos y nos  corresponde resolver a todos. Como jóvenes, en medio de un mundo y un país en el cual las  mujeres están luchando cada día más por la reivindicación de sus derechos, la igualdad de  oportunidades de trabajo y educación y el empoderamiento de su propia vida, es necesario  tomar un rol activo. Un rol que vaya más allá de las pantallas de los móviles. 

El ODS 5 o de igualdad de género, de acuerdo a la Organización de las Naciones Unidas, es  fundamento esencial para la construcción de un mundo pacífico, próspero y sostenible en el  cual se hayan erradicado todas las formas de discriminación y violencia contra las mujeres y 

niñas. Un trabajo que se ve ralentizado y cuyos avances se han visto estropeados a raíz de la  situación actual por COVID-19, en la cual las niñas, adolescentes, jóvenes y mujeres están  más expuestas al entorno familiar que las violenta y las aliena a una vida de sumisión y de  estancamiento y que potencia sentimientos de frustración por no cumplir con su rol como  proveedores en los hombres y enojo que, potenciado por su escasa inteligencia emocional y  capacidad de gestionar sus emociones, deviene en el incremento de la violencia sexual (sí, tu  pareja también puede abusar de ti) y la violencia doméstica. En el país se han logrado cambios  positivos en la creación de la Ley integral contra la violencia hacia las mujeres, Ley de  igualdad de derechos y oportunidad, Código de la familia y Ley creadora del fondo para  compra de tierras con equidad de género para las mujeres rurales; sin embargo, como jóvenes,  tenemos mucho por recorrer todavía. 

Trabajar en el empoderamiento femenino requiere también un trabajo en la construcción de  nuevas masculinidades y la deconstrucción de los roles, estereotipos y mandatos de género  que limitan y condicionan nuestra vida privada y en sociedad, además de trabajar con enfoque  de género, en el fortalecimiento de la autoestima, adquisición de conocimientos y estrategias  de prevención de violencia y potenciar la independencia, la sororidad y el autoconocimiento. Cristal, la niña de la fotografía, apenas tiene 11 años y está a cargo del cuidado y crianza de  su hermano menor, en una familia en la que se promueve la idea de que debe prepararse para  ser madre y ser esposa. Lo ve en las novelas que se pasan por la televisión, la protagonista o  la mujer en general necesita un interés romántico, y muchísimas veces (casi en todas) su vida  se resuelve por la aparición de un hombre o solo por medio de ellos pueden hacerles frente a  las dificultades. Ella es una niña que se encuentra en una etapa de desarrollo vulnerable y  que, en otras circunstancias, estaría feliz con esa vida, alienada. Sin embargo, ¡no lo está! Porque ella quiere convertirse en ingeniera y ser una profesional exitosa. Y, alerta de spoiler:  no es la única. 

Tomando el caso de Cristal como un ejemplo disparador, los principales ejes de trabajo en el  objetivo que nos compete, el ODS 5, serían individual, familiar y comunitario. No solo a raíz  de que tanto la familia como la escuela y la comunidad tienen incidencia en la creación de  nuestra autoestima sino también porque son espacios cotidianos en los que perfectamente  podríamos tener impacto. Así como en el spot The best man can be de Gillete se evidencia cómo hay que enseñarles a los niños, nuestros hombres del mañana, cómo ser hombres no  machistas, como jóvenes debemos enseñar por medio del ejemplo. No solo hay que alentar a  nuestras primas, sobrinas y hermanas hacia la educación y la profesionalización, sino que  debemos incursionar en la colaboración de las labores domésticas y promover el respeto hacia  ellas. No estamos ayudando, suponiendo que el otro no puede, colaboramos, conscientes de nuestras responsabilidades y reconociendo que es lo más justo. Basta de las madres que les  llevan la comida a los hijos a la silla y de las hermanas que creen que su lugar es en la cocina  o lavando platos, basta de los hombres que se creen los reyes de la casa. Tenemos que hablar  con nuestros progenitores y crearles consciencia acerca de la maternidad y de la paternidad  responsable y apoyar en el cuido de nuestros hermanos y hermanas pequeñas.

Deberíamos a la vez trabajar con reforzadores positivos y el potenciamiento de autoestima,  independencia y capacidad de resiliencia en nuestras pequeñas. En el núcleo familiar se debe  enfocar en el reforzamiento de los lazos afectivos y habilidades de comunicación, el uso de  un estilo de crianza democrática y la asignación igualitaria de responsabilidades. Todos en la  casa deberían poder opinar, ser escuchados y ser parte de las actividades de limpieza y las de  recreación. Todo esto no solo aporta a la equidad de género, sino que también nos lleva a la  lucha en contra de la violencia doméstica y la violencia intrafamiliar, el rompimiento del  círculo de la violencia, la promoción del respeto y la empatía y colaboración en la toma de  decisiones. Trabajar la igualdad de género no solo trata de empoderar a nuestras niñas y  adolescentes, se tiene que incluir a niños, adolescentes, jóvenes y padres de familia. En las  relaciones vecinales, por medio de la socialización y el diálogo, podemos incidir en otras  personas y convertirnos en agentes de cambio. No solo es postear el 8 de marzo y compartir  imágenes feministas porque está en onda, hay que ser elementos multiplicadores. 

Como resultados positivos de estas acciones, también se logra romper con el prejuicio que  hay acerca de la expresión emocional. Se dice que la mujer es sensible y eso se sataniza y al  hombre se le reprime, lo que desencadena en carencias afectivas, poca gestión emocional,  dificultades para relacionarse y conductas de riesgo (como el involucramiento en pandillas,  el consumo de drogas y la agresión hacia el género opuesto). Las mujeres pueden y deben  ser agentes protagonistas que las libere de la violencia patriarcal (en la que se someten a sus  esposos como proveedores), respetar el derecho que tienen sobre sí mismas y sus cuerpos y  el que también administren los recursos familiares. Otra alternativa comunitaria que sería de  mucha utilidad y a la vez aportan a la construcción de una cultura de paz y la prevención de  violencia juvenil (¡e incluso del consumo de drogas!) sería la realización de encuentros  deportivos (tanto masculinos como femeninos), tardeadas y actividades en las que se puedan  involucrar y se cuente con el apoyo de las y los adolescentes y jóvenes, jóvenes religiosos,  colectivos juveniles, líderes de la comunidad y miembros de esta. 

Kofi Annan, ex secretario General de las Naciones Unidas, quien murió 221 años después de  Mary Wollstonecraft, dijo que la igualdad de género es más que un objetivo en sí mismo, que  se trata de “una condición previa para afrontar el reto de reducir la pobreza, promover el  desarrollo sostenible y la construcción de un buen gobierno”. Con igualdad de género se hace  posible trabajar en una educación de calidad con énfasis en el estudiante como protagonista  y agente de cambio, aporta a la reducción de la pobreza y al hambre cero debido al impacto  positivo del trabajo de nuevas profesionales, nos encamina al trabajo decente y crecimiento  económico, a la producción y consumo responsable y así sucesivamente. ¡Y nos lleva a que  se respeten los derechos humanos! No es solo porque está de moda o porque hay un objetivo  de desarrollo sostenible sobre ello, se trata de un derecho universal. Han pasado 73 años  desde que la Declaración Universal de los Derechos Humanos se aprobó en París en 1948 y  aparentemente en esa área damos pasos lentos. 

¿Y qué tendrían que ver los derechos humanos con la igualdad de género? Pues es simple. En 1948 se estableció que tenemos derecho a igualdad sin importar el género (todos gozamos  de los mismos derechos y el Estado promociona acciones para que las mujeres ahora puedan  involucrarse más al ámbito privado, de lo cual han sido privadas previamente), a la vida (y  su vida debe ser respetada), a la libertad (basta de vender a nuestras adolescentes y jóvenes  por tierras o dinero y no es solamente un prejuicio sobre la gente del norte del país, se trata  de una triste realidad), a la integridad y la seguridad, al trabajo (nadie debe prohibirle a una  mujer que trabaje y que luche por su independencia económica), a la libertad de expresión 

(no se les debe decir que su opinión no importa o reprimirlas en pro de los hombres y lo que  sea que deban decir). ¿Quién decidió que todo esto se aplica solo a los hombres? ¡Basta ya! Es responsabilidad nuestra trabajar desde ambos enfoques, construyendo una sociedad justa  y en igualdad de derechos y oportunidades, así construimos una cultura de paz. Así es como  nos acercamos al desarrollo sostenible. 

En su libro Derechos humanos: historias y conceptos básicos, el cual fue escrito hace 11  años ya, la Fundación Juan Vives Suriá de Caracas en Venezuela, detallaba que la conquista  en los derechos humanos, producto “producto de las luchas populares”, son solo posible por “la participación de quienes reconocen en sus condiciones de vida circunstancias indignas y  se organizan y movilizan para superarlas, para transformar su realidad y lograr que sus  reivindicaciones inspiren a otras y otros en sus luchas”. Refuerza esta idea con las siguientes  líneas: “sólo quienes se indignan ante su realidad, pueden reconocer la injusticia en el sistema  establecido e iniciar procesos para su transformación” y se es protagonista del desafío al  orden de abuso y se consigue la subversión para vencer la opresión “al identificar las fuentes  de los abusos”. Sabemos cuál es el origen de estas fuentes de abuso y, a pesar de que somos  conscientes de la realidad que vivimos, muchas veces sucumbimos a la indiferencia y a un  egoísmo increíblemente normal pero injusto, dejando que el mundo siga su curso porque no  nos importa, porque sentimos que no nos afecta. Qué mentira tan grande. 

Como ellos mismos dijeron, en la mayoría de las sociedades contemporáneas “las mujeres  todavía enfrentan distintas formas de discriminación, subordinación y exclusión frente al  hombre, lo que convierte al principio de igualdad de género en un eje central de todo proyecto  emancipador de derechos humanos” (2010). La igualdad de género y los derechos humanos  están intrínsecamente ligados y trabajar en uno implica trabajar en el otro como si se tratase  de una relación simbiótica o mutual, por decirlo de alguna manera. Pero solo tendremos éxito  en esto en la medida en la que “se garantice el ejercicio protagónico de mujeres y hombres  en iguales condiciones de poder, desde la especificidad de género”. Aquí retomamos la idea  de que la mujer debe tener más voz desde el ámbito público, simplemente ignorando aquel  argumento vacío y conformista que tanto hombres como mujeres han usado para deslegitimar la lucha y manifestaciones feministas: la mujer ya tiene suficientes derechos. ¿Eso qué es lo  que significa en verdad? ¿Queremos volver a la era en la que una mujer era invisible ante las  injusticias? Es la cumbre de la contradicción y la ignorancia. Se requiere una transformación  no solo actitudinal y conductual sino también cognitiva, cultural y sociopolítica.

Debemos, desde lo personal, trabajar en la erradicación de micromachismos y mandatos de  género (los cuales limitan y condicionan la sexualidad y la relación con otras personas; un  ejemplo y es lo que nos ocupa es la idea de que las mujeres deben priorizar al esposo y a los  hijos antes que a ella, porque casarse y ser madre es la condición necesaria), en la prevención  del acoso callejero y de la violencia hacia la mujer en los espacios digitales (sin creerse que  cierto tipo de vestimenta justifican el acoso sexual callejero o la humillación), la prevención  de la pornografía no consentida o la difusión de contenido muy explícito e íntimo de mujeres (o creer que por el hecho de que una mujer es mujer tiene que complacerte sexualmente o  compartirte fotos de ella desnuda), en la erradicación del machismo tóxico que se refuerza  entre amigos y conocidos por temor a romper con todo un sistema y salirse de los moldes (sin defenderse creyendo que al hablar de masculinidad tóxica se relaciona a la masculinidad 

como algo negativo), en la eliminación de la misoginia interiorizada que lleva mujeres a  considerar que la femineidad es sinónimo de algo sucio o molesto (y se juzga a las mujeres  desde una visión machista), en la erradicación de concepciones sexistas sobre el cuerpo de la  mujer, su libertad sexual y sus derechos en general (que promocionan tanto hombres como  mujeres).  

Sí, hacemos el cambio con pequeñas acciones, como hombres y como mujeres, pero no es  un trabajo que debe quedarse así. Comprometámonos y actuemos para que nuestras niñas  dejen de salir al mundo con la idea de atrapar a un hombre y pasar a ser madres y esposas,  motivémoslas a ser independientes y convertirse en profesionales que cambien el mundo con  su obra y acciones. Luchemos juntos y juntas para que cada Cristal de esta linda Nicaragua  se convierta en ingeniera, médica, docente, soldadora, empresaria, emprendedora, diseñadora  o futbolista. Porque pueda luchar para cumplir sus sueños. Es posible hacerlo incluso aunque  provengamos de núcleos familiares en los cuales se vive la violencia, se endiosa la figura  masculina y se hace énfasis en que el hombre debe dominar a la mujer y hacer lo que se le  antoje. Vengo de una familia así. Soy el ejemplo de que el cambio de mentalidad es posible  y no solamente posible sino también necesario, hoy tan urgentemente como en los tiempos  de Wollstonecraft. Vivamos en nuestras buenas acciones y construyamos un mundo donde  cada mujer, sin que importe su edad, raza, color, preferencia sexual o estatus social, sea dueña  de sí misma.  

Y termino con otra frase de Wollstonecraft: el comienzo es siempre hoy. ¿Te apuntas?

REFERENCIAS 

Fundación Juan Vives Suriá. (2010). Derechos humanos: historias y conceptos básicos.  Recuperado el día 7 de octubre de 2021 de: http://biblioteca.clacso.edu.ar/Venezuela/fundavives/20170102055815/pdf_132.pdf 

Morales, P. (2020). Mujeres misóginas: “Muchas piensan que deben comportarse como una  tigresa para proteger su posición contra otras ‘hermanas’”. La Tercera. Recuperado  el día 7 de octubre del 2021 de: https://www.latercera.com/paula/mujeres-misoginas muchas-piensan-que-deben-comportarse-como-una-tigresa-para-proteger-su posicion-contra-otras-hermanas/ 

Organización de las Naciones Unidas. (2021). 17 objetivos para transformar nuestro mundo.  Recuperado el día 7 de octubre de 2021 de: https://www.un.org/sustainabledevelopment/es/ 

Penélope. (2020). Citas de Mary Wollstonecraft. 8sorbosdeinspiracion. Recuperado el día 7  de octubre de 2021 de: http://www.8sorbosdeinspiracion.com/citas-de-mary wollstonecraft/ 

Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. (2021). Objetivos de desarrollo  sostenible, antecedentes. PNUD. Recuperado el día 7 de octubre de 2021 de: https://www1.undp.org/content/undp/es/home/sustainable-development goals/background.html

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